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10.8.26

"MARTITA Y TOMÁS" O LA DESCONTEXTUALIZACIÓN DE LA ESCULTURA PÚBLICA

En 2008, en Beniel, se remodeló la plaza de Ramón y Cajal, donde se ubica el Ayuntamiento y la iglesia de San Bartolomé.


Esta remodelación incluyó la construcción de una fuente que fue instalada en verano de ese mismo año y que consistía en una base con un recubrimiento realizado con la técnica del trencadís, tan utilizado por Gaudí en sus obras, así como dos esculturas de bronce salidas del taller del escultor de Los Ramos, José Antonio Hernández Navarro.

El concepto original era que esas dos esculturas, de un niño y una niña, simularan que estaban jugando. El niño llevaba en sus manos una pistola de agua de la que manaba un chorro que pretendía mojar a la niña, situada en el otro extremo de la fuente.

La idea era graciosa y plasmaba esos juegos infantiles, tan puestos en práctica en la zona de levante en verano, donde con globos llenos de agua, con mangueras o con objetos diseñados expresamente, los niños juegan a mojarse unos a otros con la certeza de que, en poco rato, sus ropas volverán a estar secas.

La fuente nació con algunos defectos desde el principio y en menos de un año tuvo que ser reparada ya que perdía agua y los surtidores no funcionaban bien.

Con el tiempo la fuente sufrió algunos actos vandálicos e, incluso, fueron sustraídas algunas piezas, por lo que fue desmontada y las esculturas pasaron a un almacén municipal, donde han permanecido hasta el día 7 de agosto de 2026, cuando han sido recuperadas e instaladas sobre un pedestal en la renovada plaza de la Hispanidad, pero desprendidas de la idea de fuente y expuestas como obras escultóricas.

La cuestión es que, con esta nueva instalación, la composición se ha descontextualizado completamente ya que, si antes el niño, que ahora es Tomás, estaba intentando alcanzar a la niña, que ahora es Martita, con el agua, y reflejaba un juego infantil, ahora la imagen es la de un niño, un hombre, empuñando un arma que apunta a la niña, una mujer, que huye despavorida. 

Para más confusión, ni siquiera se ha conservado un título que reflejara su función original, como puede ser Niños jugando con el agua, sino que ahora se ha titulado Martita y Tomás, lo que lleva a que la persona que, ajena a los precedentes, transite por la plaza y vea esa escultura no entenderá por qué, en este siglo XXI en el que tanto abominamos las guerras y deseamos la paz y en el que hemos alcanzado a comprender que no se debe educar en el sexismo, que los niños no juegan con pistolas y las niñas no son amas de casa en potencia, que andamos a vueltas contra la violencia sobre la mujer, una lacra de la que no conseguimos desprendernos y que cada año deja víctimas en nuestro país, una composición escultórica refleja la amenaza de una figura masculina, con un arma en las manos, amenazando a una figura femenina.

La descontextualización de la escultura es cada vez más frecuente entre las corporaciones que pretenden exhibir la obra de artistas locales como producto escultórico, sin tener en cuenta que la verdadera dimensión de la escultura pública incluye su composición, su localización y su inserción en el ámbito para el que ha sido pensada.


En Murcia ciudad tenemos algunos ejemplos curiosos, como ese gran pedestal que sostiene un busto de Salzillo en la plaza de Santa Eulalia, y que no se entiende si no se sabe que en su concepción original formaba parte de una gran fuente. (Ver entrada Una fuente monumental). 













Tampoco se entiende qué hace una figura de la alegórica Fama arrodillada ante el edificio de la Convalecencia, si no se conoce que formó parte de una composición ideada por Juan González Moreno con un pedestal geométrico y cortado en bisel que impulsaba su vuelo y que fue situado en la plaza de Santa Isabel a principios de los años setenta del pasado siglo. (Ver entrada La metamorfosis de la fama).













Y nada nos explica qué hacen dos niños jugando sobre una alta base cuando la concepción inicial de la gran Elisa Séiquer pasaba por que estuvieran a ras de suelo para que los juegos infantiles se entrelazaran con ellos y los más pequeños pudieran tocar las formas escultóricas. (Ver entrada Juego de muchachos, de Elisa Séiquer).

Debemos mencionar aquí la influencia de esta escultura de Séiquer en la realizada por Hernández Navarro para Beniel. La figura de 'Tomás' nos recuerda la actitud del muchacho de la izquierda; no hay que olvidar que Hernández Navarro acudió al estudio de Séiquer en su fase de formación.

No sabemos cuándo se llegará al punto de consultar a los expertos antes de instalar una obra escultórica en un sitio determinado y en unas condiciones precisas y se facilitará toda la información referente a su creación, trayectoria e instalación. 

Mientras tanto, podremos contemplar esas formas sorprendiéndonos y no entendiendo por qué y para qué fueron expuestas de determinada manera, aunque, eso sí, sabiendo en todo momento quién era el responsable político del momento.


FUENTES:

"Una fuente que 'pierde' agua en el centro de Beniel", La Verdad, 13/06/2009.

"Se inician los trabajos para el arreglo de la fuente en Beniel", La Verdad, 24/06/2009, p. 28.

"'Martita y Tomás' regresan a Beniel: las esculturas de José Hernández se integran en la renovada plaza de la Hispanidad", Murcia Plaza, 07/08/2026. 

La escultura de Hernández Navarro [Página web].

1 comentario:

  1. Enhorabuena por el artículo, muy acertado en todas tus apreciaciones. No hay mayor fracaso que una obra descontextualizada. Y el artista es a quien más dolor produce. Aunque eso al político le debe importar bien poco. Otro gran fallo es la ubicación inadecuada de las obras escultóricas urbanas. Me encantaría que Murcia estuviese llena de obra escultóricas y bien ubicada. Sería un homenaje para nuestros grandes escultores, la cultura y el embellecimiento de la ciudad.

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