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12.10.14

MIRANDO A CHARTRES

Francisco Toledo ocupa un lugar relevante en el panorama escultórico español del siglo XX. 
Es un artista que se mueve entre la figuración y la abstracción más expresiva. Su formación con grandes maestros de la escultura, su carrera profesional, nutrida de premios, y la herencia de su obra, que es testimonio de la inspiración en las nuevas tendencias plásticas y de una visión personal de volúmenes y formas, hacen que su obra sea valorada y forme parte del patrimonio artístico de un siglo.

En algunos de sus trabajos trató temas religiosos y, en ellos, cobra tanta relevancia la interpretación formal como la simbólica. 

En el ámbito de Murcia capital, la única muestra que se conserva de esa temática religiosa es el conjunto escultórico que, a finales de los años sesenta, realiza para la fachada de la iglesia de la Residencia de Niños y Ancianos del Complejo de Espinardo.


Para esta composición, Toledo se inspira en las esculturas que ha visto en las fachadas de la Catedral de Chartres, cuando su viaje a Francia le lleva a conocer nuevas formas expresivas. 
El trabajo escultórico de Chartres lo conmueve y deja en él una huella profunda.

Plantea en Espinardo la escena del Juicio Final de la portada de la catedral francesa, mezclando diversos motivos, que componen un gran friso de incontestable fuerza.

En la portada real de Chartres, en el tímpano central, aparece un Pantocrátor, es decir, un Cristo en Majestad, rodeado por el tetramorfos, los símbolos de los cuatro evangelistas: El hombre o ángel, el águila, el león y el toro.




Toledo disuelve la composición, creando un elemento central, Cristo en Majestad encerrado en mandorla, que bendice con la mano derecha y sujeta el libro en la izquierda, al igual que aparece en el tímpano central de la portada real de Chartres.



En la mayoría de representaciones del Juicio Final, aparecen, a un lado de Cristo, los justos, y al otro, los condenados. 

Sin embargo, Toledo, en su reinterpretación particular, sitúa los evangelistas en el grupo de la derecha, y en vez de representarlos por sus símbolos, los humaniza. 



La composición formal se inspira en las figuras-columna que, en la catedral, aparecen en la base de las arquivoltas de la portada real. 




Son cuatro figuras en las que las actitudes vuelven los ojos a Chartres, aunque Toledo los filtra bajo el prisma de las nuevas corrientes artísticas de las vanguardias.

Se reconoce a cada evangelista por el símbolo que porta: San Juan, el águila, 




San Mateo, el hombre (a veces representado como un ángel), 



San Lucas, el toro,




y San Marcos, el león.






A la izquierda, aparece un grupo de ángeles; grupo que en Chartres se ve reflejado en el tímpano de la portada del transepto sur. 



Pero Toledo, los representa igualando la estética del grupo de los evangelistas.


El resultado es una reinterpretación de la escena del Juicio Final que asume sus significados e plasma las formas con una figuración estilizada, matizada en texturas y tendente, en algunos puntos, a la abstracción.


Este año, la Comunidad Autónoma ha puesto a la venta el Complejo Residencial y, con él, la iglesia, un edificio que refleja la nueva estética de la década de los sesenta. 

Las esculturas de Toledo han pasado, por tanto, a ser propiedad particular.


Su próxima inclusión en el Catálogo de Bienes Muebles, la librará, posiblemente, de su desaparición. 

Esperamos que la catalogación llegue a tiempo y el Juicio Final de Paco Toledo se salve de una destrucción a todas luces inmerecida.





FRANCISCO TOLEDO SÁNCHEZ (1928-2004)

Nace en el Cabezo de Torres, Murcia, en 1928.
A los diez años ingresa en la Sociedad Económica de Amigos del País, donde aprende técnicas artísticas con Clemente Cantos y Luis Garay.
A los trece años entra en el taller del escultor Juan González Moreno.
Más tarde trabaja con el escultor e imaginero, José Sánchez Lozano y con el también imaginero y tallista Antonio Carrión Valverde.

1945

Beca de escultura, de la Diputación Provincial de Murcia, para cursar estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid; allí recibe clases del valenciano José Capuz Mamano, y del ex­tremeño Enrique Pérez Comendador

1947

Primer Premio de Escultura para Artistas Noveles en la exposición organizada por el Ayuntamiento de Murcia.

1949

Primer Premio en la Exposición Regional.

1954

Escultura monumental en piedra, para el Pantano del Cenajo, por encargo de la Diputación Provincial de Murcia.

1957

Presenta obras en la Exposición Nacional de Bellas Artes, en la Sección de Pintura, Escultura, Grabado, y Arquitectura, en el Ministerio de Educación. 
Segunda Medalla de la Exposición Nacional.

De 1957 a 1960 realiza una serie de obras religiosas, por encargo, con destino al Principado de Asturias: para la iglesia del Orfanato Minero de Oviedo, para la iglesia del Alto de Cabruña, para la capilla de la Fundación Masaveu, para la iglesia de la Residencia de Niños de la Diputación Provincial de Oviedo y para la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, de la cual fue profesor.


Entre 1960 y 1964 se encuentra pensionado por el Ministerio de Asuntos Exteriores en la Academia de Bellas Artes de Roma, ciudad en la que descubre el expresionismo de la obra de Donatello y la obra de los contemporáneos Marini y Manzu.


Se traslada posteriormente a Francia donde contempla la escultura de la fachada de la Catedral de Chartres en la que ve que, más allá de la técnica perfecta, transmite expresión y vida. 

También le cautivaron el impresionismo y el postimpresionismo.

Consigue ingresar, como profesor interino de Modelado y Vaciado, en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Oviedo.


1963

Expone una serie de obras en la Galería Michel Warren, en la calle de las Bellas Artes de Paris.

1965

Condecoración de la Bienal Internacional de Alejandría. 
Exposición individual en la Galeria Escorpio, en la vía Bavuino de Roma.

1966

Primera Medalla en la Exposición Nacional de Escultura por su obra Nióbide. 
Premio Salzillo de escultura con la obra A las tres te la daré, con la mano y con el pie.

1970

Realiza una obra religiosa para la iglesia de los Padres Franciscanos de Alcalá de Henares, en Madrid.

1973

Premio Tomás Francisco Prieto, que otorga la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

1974

Obtiene la plaza de Catedrático de Modelado y Composición de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde más tarde es nombrado Jefe de Departamento de Escultura.

1975

Expone Pequeñas esculturas de grandes escultores en la Fundación Rodríguez Acosta de Granada. 
Medalla en el Congreso FIDEM, de Cracovia (Polonia).

1977

Medalla de Plata de Escultura en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. 
Medalla en el FIDEM de Budapest.

1982

Expone obras en el Premio Cáceres de Escultura.

1984

Exposición de Contraparada 5, en Murcia. 
VI Bienal Internacional de la Diputación de Pontevedra. 
Exposición de Profesores de la Facultad de Bellas Artes de Madrid, (FLASH).

1985:  

Presenta algunas obras a la exposición Arte en Murcia, en el Museo Municipal de Madrid, y al Homenaje Nacional de la Facultad de Bellas Artes de Madrid a Antonio Machado, Federico García Lorca y Miguel Hernández.

1987

Participa en la exposición: Tierno y la Paz, Pintura, Escultura y Dibujo y Testimonios en el Planetario de Madrid y en la exposición Homenaje, Bodas de Diamante del Cubismo en la Facultad de Bellas Artes de Madrid, en la Galería Zenhid.

1988

Presenta su tesis doctoral La Técnica en la Obra Escultórica.

1990

Participa en la exposición 20 Profesores de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid en la Galería Duris de Games, de Madrid.

1992

Expone en la EXPO '92 de Sevilla, en los pabellones de.Castilla-León y Murcia, y en las galerías Meca, de Murcia y Thais, en Lorca.

Hay obras suyas en el Museo de Arte Contemporáneo de Ma­drid, en el MUBAM de Murcia y en el Museo Palacio Piñares de Santander; también en la Academia de Bellas Artes de España en Roma, en el edifico de la Comunidad Autónoma de Murcia y en el de la Diputación Provincial de Oviedo, en el Ayuntamiento de Murcia, en la Universidad de Oxford, en la de Leyden (Ho­landa) y en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.


Realizó varios trabajos de obra pública, entre los que destacan el dedicado al inventor del autogiro, don Juan de la Cierva Codorníu, en Murcia, el Monumento al Aviador Caído, en la Academia General del Aire de San Javier, en Murcia, el Monumento a Alfonso X El Sabio en Toledo, el de Valle-Inclán en el paseo de Recoletos de Madrid, y el del Padre Vitoria en Salamanca.


Falleció en Madrid el 17 de noviembre de 2004.



Fuentes:
MELENDRERAS GIMENO, José Luis: Escultores Murcianos del Siglo XX. Murcia: CAM y Concejalía de Cultura del Ayuntamiento, 1999.
SIMSON von, Otto: La Catedral Gótica. Madrid: Alianza, 2000 (1ª Ed. 1980)
MONREAL Y TEJADA, Luis: Iconografía del Cristianismo. Barcelona: El Acantilado, 2000.

Fuentes de las imágenes de la catedral de Chartres:
"Chartres", en France-Voyage [En línea] <http://www.france-voyage.com/photos/visionner-chartres-12504.htm>
"Decoración escultórica de la catedral de Chartres" en Educastur [En línea] <http://web.educastur.princast.es/proyectos/jimena/pj_leontinaai/arte/webimarte2/WEBIMAG/GOTICO/chartesc.htm>

5.9.14

PRÓCERES SEGOVIANOS

Hasta mediados del siglo pasado, los monumentos estaban destinados a enaltecer y alabar a los que habían destacado en hechos históricos, en las artes, las letras o las ciencias. Eran honores en los que el homenajeado se revestía de dignidad y, si su hecho destacado era político, aparecía en el momento cumbre de su lucha, montando su caballo con todos los méritos colgados en el pecho o enarbolando una bandera.

Las nuevas corrientes artísticas conllevaron, en la segunda mitad del siglo, a un cambio significativo en los tributos. Ya no era requisito haber participado en una hazaña histórica o haber desarrollado una labor literaria o científica notable, sino que el mérito podía venir por otras causas.

La ciudad de Segovia ofrece tres ejemplos de lo dicho:




En la plaza de San Martín se encuentra el homenaje a Juan Bravo, un alcarreño, perteneciente a la baja nobleza, que vivió, a caballo entre los siglos XV y XVI, en Segovia.
Bravo fue, junto con Padilla y Maldonado, un comunero de los que se sublevaron contra el rey Carlos I en Castilla.
Pretendían que asumiera el trono Juana, la hija de los Reyes Católicos, al considerar al rey-emperador, que era hijo de ésta, un extraño. (Hablaba el castellano con dificultad y había traído consigo una corte de nobles y clérigos extranjeros). 
Este sentimiento, surgido primero en las élites sociales, se fue transmitiendo al pueblo llano, que liderado por los comuneros, se rebeló y luchó contra las tropas imperiales para conseguir una nueva cabeza coronada en Castilla.




Pero tras un año de rebelión, las tropas imperiales vencen en la batalla de Villalar, en abril de 1521, y ejecutan a los líderes comuneros. 
El traslado del cuerpo de Bravo hasta Segovia, estuvo acompañado de una ola de indignación que las tropas imperiales se vieron en dificultad de sofocar. Por fin, y ante el temor de que el cuerpo fuera profanado, sus restos fueron trasladados a Muñoveros, en Segovia, localidad de donde era su mujer, Catalina del Río.






En 1921, cuando se cumplían cuatrocientos años de que la cabeza de Bravo rodara por el suelo en lo que se llamó Guerra de las Comunidades, el Ayuntamiento de Segovia encargó al escultor Aniceto Marinas, una escultura para colocar en la histórica plaza de San Martín, también llamada de las Sirenas por dos esfinges que se sitúan en la escalinata.






La ubicación del monumento no estuvo exenta de polémica, provocando que intelectuales de la época de la talla de Machado y Ortega y Gasset, entre otros, redactaran un escrito de protesta, desde Madrid, ante lo que consideraban un atentado estético contra la configuración del sitio histórico. 
Sin embargo, la Academia de Bellas Artes de San Fernando dio el visto bueno al emplazamiento, y la escultura fue inaugurada, no por el rey Alfonso XIII, que sí asistió a la colocación de la primera piedra del monumento, sino por la tía de este, la infanta Isabel, conocida como La Chata.







Del hecho histórico de la Guerra de las Comunidades se publicó, en 1972, un largo romance escrito por el poeta español Luis López Álvarez. Una parte de este romance fue musicada por el grupo Nuevo Mester de Juglaría y titulada Canto de Esperanza, y ha sido acogida por los castellanistas como himno.



El Nuevo Mester de Juglaría, fue un grupo que, además, dio difusión al cancionero tradicional segoviano recuperado por la figura de Agapito Marazuela

Éste, que destacó como guitarrista y potenció el uso de la dulzaina, puso sobre papel romances, letrillas y coplas segovianas que estaban en riesgo de desaparición. Su labor fue primordial, no solo por el hecho en sí, sino porque es el ejemplo de lo que se ha dado en llamar recuperación del patrimonio inmaterial que tan importante se muestra para la pervivencia del folklore y las costumbres inmemoriales.





Sin embargo, Marazuela lo hizo cuando nada se hablaba de ese tipo de patrimonio, consciente de la importancia de dejar, a los que vinieran después, un legado que constituía parte de la esencia de sus raíces.











Agapito Marazuela falleció en 1983, a los noventa y dos años, y años más tarde, en 2002, Segovia le mostraba su agradecimiento con una escultura. 

Fue encargada al artista José María García Moro y colocada en la Plaza del Socorro, en la judería segoviana. 










La configuración de la obra nos invita a ver a Marazuela como el puente entre pasado y presente, como el artista que supo recuperar un folklore y hacerlo llegar hasta nosotros y transmitirnos la importancia de saber mantenerlo y darlo a conocer a los que vengan.













Pero el patrimonio inmaterial no se limita a música, tradiciones, artesanía, ceremonias y costumbres. La gastronomía se incorpora a él como una parte más de la adecuación del hombre al entorno. 


Y, en Segovia, no se puede dejar de hablar del que supo hacer del cochinillo asado un símbolo identitario que se conjugaba, durante los años sesenta y setenta, cuando el turismo interior se asumió como opción asequible, con la obligada visita al Acueducto.

El Mesón de Cándido, era imán de atracción para los que, además de conocer el patrimonio a la vista, quería incorporar a su experiencia esa otra parte contenida en la gastronomía. Cándido López había contraído matrimonio con la hija de la dueña del Mesón del Azoguejo, y se hizo cargo del negocio en 1931. Solo diez años después, el local era incluido en el Inventario de Monumentos Artísticos.




Ver al que fue nombrado Mesonero Mayor de Castilla romper el tostón asado con un plato, era todo un espectáculo que desembocaba en el deleite de la degustación acompañada de un clarete de la tierra.

Segovia le rindió homenaje también a Cándido, “sorprendido” justo en el momento de ejecutar, con el plato, el ceremonial que lo hizo famoso, a él y a la restauración segoviana.

La escultura está situada en una pequeña rotonda, se inauguró en 1996
y es obra de Luis Sanguino.








Bravo, Marazuela y Cándido, tres próceres que, cada uno a su manera y en su tiempo, dieron a conocer la idisiosincrasia segoviana.




PARA CONOCER LA BIOGRAFÍA DE LOS ESCULTORES:

ANICETO MARINAS:
“Aniceto Marinas García”, en Escultura Urbana [En línea]

JOSÉ MARÍA GARCÍA MORO:
“El escultor José María García Moro fallece en su casa de Segovia a los 78 años”, El Norte de Castilla, 28/01/2012 [En línea]


LUIS SANGUINO:
Luis Sanguino (Blog) [En línea]



FUENTES:


“Juan Bravo”, en Wikipedia [En línea] 

“Los comuneros. (Luis López Álvarez)”, en Wikipedia [En línea]


“La polémica estatua”, El Norte de Castilla, 22/06/2011 [En línea]

Imágenes de Juan Bravo: Wikimedia commons

“El folclorista eterno”, El Norte de Castilla, 24/02/2013 [En línea]


Mesón de Cándido [En línea]

15.7.14

JOSÉ PLANES PEÑALVER

Detalle del Monumento
al Apóstol del Árbol
Hoy hace cuarenta años que nos dejó José Planes, uno de los escultores más brillantes que ha dado la Historia del Arte en Murcia

Sus obras públicas salpican la ciudad, muestra incontestable de su genio y de la maestría de sus manos y su cincel. 

Aquel niño, hijo de agricultores, que se forjó merced a una vocación sólida, supo llevar las formas escultóricas al más alto grado de sensibilidad, dejando tras de sí, no solamente obra pública, sino también tallas procesionales y encargos privados.

Entre los años veinte y treinta del pasado siglo, Murcia fue prolífica en homenajes a ilustres y todos salieron de su taller: Codorníu, Frutos Baeza, Sánchez Madrigal, Selgas, Fernández Caballero y Jara Carrillo se vieron fielmente representados por su mano. Y es que, en aquel momento, encargar una escultura a Planes era ir sobre seguro.

Supo traducir en formas los sentimientos más delicados y hacer que la piedra se plegara a las nuevas corrientes que comenzaban a llegar de fuera.

Su trayectoria nos acerca a una persona que, más allá de pretender la gloria distante, se empeñó en hacer de su disciplina una forma de acercar la vida a los que sentían la vocación.

"Mi fórmula para vivir a gusto es trabajar a gusto. No ser envidiado ni envidioso y plantar árboles con mis propias manos."

José Planes Peñalver
JOSÉ PLANES PEÑALVER nace en 1891, junto a la Senda de Granada, en Espinardo, en plena huerta murciana. 

Su formación más básica la recibe en la escuela, cerca de donde sus padres cultivaban la tierra.
Pronto se ve atraído por la escultura, según cuenta él mismo:
“Mi vocación por la escultura la sentí desde muy niño. Quizá cuando contemplaba, maravillado, los belenes de movimiento que mis padres me llevaban a ver a Murcia, sobre todo, uno de la iglesia de la Compañía. Observando la vida, gracia y naturaleza de aquellos pastorcillos, en fin de cuentas los mismos que convivían conmigo en la huerta, empecé a modelar con el barro de los bancales, con barro del Segura, metido siempre entre los huertos de limoneros, y en los trigales, ocultándoseme de las personas mayores y enseñando sólo mis obras a los chiquillos de la escuela.”

Aprende dibujo en el Círculo Católico de Obreros de Murcia, con el pintor José María Sobejano, y modelado en la Sociedad Económica de Amigos del País. Entra en el taller de Anastasio Martínez, donde por primera vez, se aproxima a la piedra y a la madera.
Comparte las clases, en los tres centros, con Clemente Cantos, Joaquín, Victorio Nicolás y Pedro Flores; con éste último se instala en la calle Riquelme de Murcia, en un taller presidido por la actitud seria y circunspecta de don Mariano Baquero; un busto que Planes había realizado a partir de la marscarilla fúnebre del representado.
Pronto se unieron a ellos otros artistas: el pintor Luis Garay, el escultor Antonio Garrigós y los escritores Guerrero, Ballester y Sierra.

Con diecisiete años realiza sus primeras obras, todas ellas con gran personalidad, según cuenta Núñez Ladeveze en su libro José Planes.

Realiza el servicio militar en Valencia, donde se matricula en la Escuela de Bellas Artes San Carlos.

Detalle del busto de Sánchez Madrigal
Cuando regresa a Murcia, el entonces Presidente de la Diputación, Antonio Clemares, cautivado por un retrato que le hace Planes, decide pensionarlo en Madrid; allí comienza su andadura bajo la protección del también murciano Juan de la Cierva Peñafiel.

Tiene su primer estudio en la calle Hermosilla y conoce a Julio Antonio, escultor naturalista y realista.

El premio que obtiene en la Exposición Nacional de 1920 por su obra Desnudo le facilita la adquisición de un solar en el que comienza a construir la que será su vivienda en la capital.
Contrae matrimonio en Murcia con Dolores Sánchez García, con la que tiene tres hijos: Lolita, José Luis y Emilio.

En 1932 es nombrado Hijo Predilecto por la ciudad de Murcia.

En 1933 se funda la Escuela de Artes y Oficios de Murcia, de la que es Director y donde su labor será esencial para el planteamiento de la institución:
Detalle del Monumento a
Jara Carrillo
“Mi deseo es que la Escuela de Artes y Oficios no sea una escuela más, que no sea un centro de enseñanza anquilosada. La han confiado en mis manos y quisiera darle forma, modelarla a mi gusto con una orientación nueva, con un sentido moderno, sano y recio del arte. Quisiera que esta Escuela fuera renovadora y continuadora del arte murciano, que llenara los huecos que faltan en las escuelas superiores. Para lograrlo, al facultarme para nombrar el profesorado, he querido rodearme de aquellos artistas murcianos, amigos míos que comenzaron la lucha conmigo y que siempre mantuvieron una actitud de rebeldía, de espaldas a las cosas oficiales. Creo que ese ambiente renovador y avanzado es lo que hoy necesita el arte. Y añadir que hay en Murcia otros artistas con méritos suficientes para acompañarme en la empresa que no he podido unir a mí por lo limitado del concurso.”
Tras la Guerra Civil vuelve a Madrid. Allí sabemos que asiste a la tertulia del Pombo que presidía Gómez de la Serna.

En 1953 fallece su esposa. 
Siete años después es elegido Académico de Bellas Artes de San Fernando, donde sucede a Clará.
Fallece en Murcia, en 1974.

Detalle del Monumento a
Fernández Caballero

Su TRAYECTORIA ARTÍSTICA está pautada por diferentes momentos reflejo de sus sucesivas etapas estilísticas:

- En la de aprendizaje, con Anastasio Martínez, muestra una tendencia naturalista y realista. Alterna la piedra con la talla religiosa policromada.

En los años veinte del siglo XX recibe las influencias de, entre otros, Rodin, Julio Antonio y José Capuz. En esta etapa se agudiza el realismo.

Entre 1931 y hasta el comienzo de la Guerra Civil su estilo se hace más hermético, influido por el cubismo de Picasso y Gris.

Tras la contienda civil, se entrega a la realización de imaginería religiosa, sobre todo de talla, tan demanda entonces debido a la destrucción habida en los años del enfrentamiento.

A partir de mediados de los años cincuenta vuelve a dedicar su trabajo a la realización de escultura profana. Las formas se estilizan y los cánones se alargan

 La gracia que le imprime a los desnudos femeninos lo lleva a representar a España, junto con Oteiza, en la Bienal de Sao Paulo, Brasil.


ALGUNOS PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS
1910. Premio del Concurso de Noveles organizado por el Círculo de Bellas Artes 
         de Murcia, por su obra pictórica Puesta de sol en la huerta murciana.
1911. Premio de Escultura del Círculo de Bellas Artes de Murcia por el retrato 
         escultórico de su madre.
1915. Premio de Escultura del Círculo de Bellas Artes de Murcia por Murta y por 
         Busto de mujer.
1920. Medalla en la Exposición Nacional por Desnudo.
1922. Medalla en la Exposición Nacional por Ofrenda a Levante.
1932. Premio Nacional de Escultura por Desnudo.
1933. Es nombrado Director de la Escuela de Artes y Oficios de Murcia.
1943. Primera Medalla en la Exposición Nacional.
1947. Es seleccionado para el Salón de los Once.
1948. Medalla de Oro en la Exposición de Artistas Laureados.
1952. Premio Venezuela en la I Bienal Internacional de Sao Paulo, Brasil.
1960. Académico de Bellas Artes de San Fernando.

OBRA PÚBLICA:
1910. Cabeza de don Andrés Baquero.
1916. Lápida a don Andrés Baquero.
1919. Proyecto del Monumento al Cardenal Belluga.
1921. Busto del poeta Frutos Baeza.
1922. Busto del poeta Selgas.
1924-1925. Seis cabezas de cartón policromadas para la Exposición del Traje
         Regional.
1926. Monumento a don Ricardo Codorníu
         Busto del poeta Sánchez Madrigal.
1927. Busto de don Ricardo Codorníu para Sierra Espuña
1928. Proyecto del Monumento a Fernández Caballero.
1933. Monumento Al poeta Jara Carrillo.
1935. Monumento a Fernández Caballero.
1940. Mausoleo a los Caídos por España en el cementerio de Cieza.
         Busto de Francisco Franco, Cieza.
         Busto de José Antonio Primo de Rivera, Cieza.
1945. Retrato del Beato Champagnat para los Hermanos Maristas de Tuy,
         Pontevedra.
1948. Busto de Ibáñez Martín, ministro de Educación, para la Ciudad 
         Universitaria de Madrid.
         Monumento a la bailarina Mari Paz, cementerio Oeste de Madrid.
         Hilandera para la Escuela de Peritos Industriales de Béjar, Salamanca.
1950. Proyecto escultórico para el puente de Praga, Madrid.
1955. Monumento al Corazón de Jesús en Lorca, Murcia.
1957. Monumento a Elena Fortún en el Parque Oeste de Madrid.
         Ángel monumental para la Caja de Ahorros Provincial de Vigo.
1958. Busto de Isabel la Católica, para Puerto Rico.
1959. Estatua de Felipe II en bronce, para El Escorial.
1960. Figuras de las Cuatro Estaciones para el edificio del Banco de Santander.
1963. Grupos escultóricos para el Palacio de la Lotería Nacional de Madrid.


FUENTES:
José Luis Melendreras Gimeno: Escultores Murcianos del Siglo XX. Murcia: José Luis Melendreras Gimeno, 1999, pp. 25-78.

Fotografía de José Planes Peñalver, cedida por José Planes Lastra.
























13.6.14

HOMENAJE A DESTIEMPO


Que en los últimos años la base económica de la Región de Murcia ha sido la construcción de viviendas de forma incontrolada y prolífica, es algo evidente y demostrado.
Esta región tuvo, anteriormente, unas actividades muy distintas como soporte económico, a saber: la agricultura, la conserva y el transporte.


Tratándose, como se trata, de una tierra fértil y agradecida con el agua, hasta los años setenta el sustento de esta comunidad estaba en generar unos productos agrícolas de primera calidad; muchos de ellos, procesarlos y envasarlos para poder consumirlos durante todo el año y, cómo no, hacerlos llegar al resto del país y fuera de las fronteras nacionales. 

Esta industria habría sido un motor importante de desarrollo si se le hubiera dado el soporte institucional que se merecía y se hubiera hecho de ella la plataforma sobre la que se moviera el crecimiento de la región.
Pero llegó la denominada cultura del ladrillo. Comenzó así una expansión urbana apoyada en la especulación y el incremento abusivo de precios, pero... daba trabajo. Una gran parte de la población murciana dependía, directa o indirectamente, del sector de la construcción.

Con la tristemente famosa burbuja inmobiliaria, la economía regional se vino abajo, quedaron muchas familias sin ningún ingreso económico y, eso sí, tenemos cientos y cientos de viviendas embargadas por los bancos y cerradas, cuya venta ahora es difícil, sobre todo si se pretende seguir poniendo el listón del precio a niveles inalcanzables para el pueblo llano.

Los años de la crisis, generada en gran parte por esa situación descrita, han sido, y siguen siendo, de recortes y contención en el gasto; por eso no deja de sorprender que ayer por la tarde se inaugurara una escultura pública.


La cita era a las 19'30 h. en la plaza Díez de Revenga y, poco antes, una auténtica riada de personas acudía en masa al evento. Esto resultaría sorprendente para un acto de estas características, si no fuera porque procedían de la sala cultural de una entidad bancaria donde se impartió una charla sobre la agricultura en Murcia. A ella asistieron, evidentemente, todos esos trabajadores que siguen apostando por esta actividad, porque es su forma de ganar el sustento y porque siguen creyendo que Murcia es una tierra favorecida por las condiciones naturales para la agricultura.









Así mismo, se encontraban en el lugar del evento los artistas responsables de la ejecución de la obra: Ismael Cerezo y Javier Borgoñós, que firman como FLYPPY, y el que concibió el monumento, el pintor y cartelista Alberto Sevilla. También acudió el alcalde de Murcia, representantes de las Comunidad Autónoma y de las asociaciones promotoras de la escultura: Apoexpa, Asaja, Bmn, Coag, FecoamProexport y Upa.




La figura representa a un agricultor que traslada en un hombro un globo terráqueo lleno de frutas y hortalizas y, en la otra mano, ofrece una de ellas.























En la base, una figura cúbica habla de la tierra árida, y sobre ella se adosan unas placas de vidrio azul que representan el agua.
La figura y la base están realizadas en acero corten, y los frutos, al igual que esas placas de agua de la base, de vidrio soplado.









La placa conmemorativa, realizada en hormigón (posiblemente para evitar sustracciones indeseadas) tiene sobrepuesta la leyenda HOMENAJE AL AGRICULTOR y lleva adosadas las insignias de todas las entidades promotoras.
Una instalación lumínica interior completa la escultura que, según los autores, se convierte en otra escultura diferente por la noche.





El homenaje es justo y la iniciativa es buena, si no fuera porque posiblemente no son tiempos de inauguraciones de esculturas públicas, estando la situación laboral y económica como está, porque el Homenaje al Agricultor se suma a los anteriores habidos en esta ciudad: Al Huertano, de Manuel Nicolás Almansa, y Huertanos, de Diego Mirete Tormo, y porque el lugar deja poco espacio para la contemplación extática habida cuenta del nutrido tráfico existente en esa plaza durante todo el día.

De hecho, solo en ocasiones como la de ayer, en la que se cortó el tráfico rodado, se pudo hacer una buena foto del delicioso Monumento al Niño, obra de Maite Defruc

Estos niños, que sostienen “otra” bola del mundo en sus manos, parecen contemplar al Agricultor sin saber muy bien de qué se trata.












El día antes de inaugurarla, alguien me comentó “¿Sabes que han puesto un homenaje al Mundial de Fútbol en Díez de Revenga?”. 

Ahora queda esperar a ver qué mote le ponen los murcianos a la nueva y reluciente obra. 








2.6.14

EL FILÁNTROPO ERRANTE

La ciudad de Murcia cuenta con el Malecón como uno de sus espacios de expansión y disfrute para corredores, ciclistas, patinadores, convalecientes y simples paseantes. 
Se trata de un camino cuya elevación se configuró inicialmente para la contención de las avenidas de ese río Segura que suele transcurrir escaso y, hasta antes de su encauzamiento, era dado a salirse de madre en cuanto las lluvias arreciaban por la parte superior de la cuenca.

El Malecón se adentra en la cada vez más escasa huerta murciana proporcionando una agradable insolación en los días del húmedo invierno, un espectáculo visual de rojos atardeceres en otoño y un festival de aromas de frutos y flores en primavera. 


Son muchos los murcianos que lo recorren a diario como un ejercicio casi ritual, marcándose metas según los diferentes hitos con que cuenta: hasta los Maristas, que comprende el primer tramo,  hasta las Cuatro Piedras, donde el Malecón se cruza con la carretera que accede a pedanías huertanas, o hasta don José María Muñoz, es decir, hasta el final del recorrido de poco más de un kilómetro y medio.

No todos conocen quién es este señor ni qué hizo para que cuente con un tributo a su memoria, pero todos saben su nombre y conocen su frontal y su dorso, pues lo habitual es llegar, rodear el monumento y emprender el camino de regreso. 
El monumento hace referencia a un personaje que, nacido en Extremadura, vivió, en la segunda mitad del siglo XIX, en Alicante.

En 1879 Murcia sufrió una de sus peores inundaciones, la llamada "riada de Santa Teresa" por haber sucedido el 14 de octubre, víspera de la conmemoración de la santa. Entonces muchas familias perdieron a alguno de sus seres queridos, quedaron en el desamparo, o vieron cómo sus bienes y sus pequeños terrenos. eran arrasados por las aguas. La situación, extremadamente grave, afectó no solo a esta ciudad, sino que otras poblaciones como Orihuela, en la provincia de Alicante, Cuevas de Almanzora, en Almería, e incluso la provincia de Málaga, también sufrieron el embate del agua.








El señor Muñoz gozaba de una desahogada posición económica y poco tardó en prestarse a socorrer a los damnificados de la catástrofe con una generosa cantidad, pues si la riada fue el 14, el día 22 de octubre leemos en El Diario de Murcia, en una gran esquela que ocupa toda la página, un elogio entregado al señor Muñoz:

Corazón generoso alma grande,reciba V. el saludo entusiasta de un murciano. V. es el que ha donado expresamente para la ciudad de Murcia 3.316,000 rs. en títulos del 3 por 100, equivalentes a más de 26.000 duros, V. que no tiene en esta ciudad ni tierras perdidas ni colonos empobrecidos, V. que obra solamente por el sentimiento de humanidad, es V. hoy la gran personificación de la caridad con que España entera acude al socorro de Murcia.

Indudablemente, la ayuda que proporcionó Muñoz fue recibida como el maná en el desierto y es de suponer que, tanto Murcia, como Orihuela y Cuevas de Almanzora, que son algunas de las poblaciones a las que llegó esa ayuda, estarían inmensamente agradecidas ante semejante gesto de altruismo. En Murcia, incluso, se llegaron a vender retratos a tamaño real del filántropo a 8 reales, según reza en un anuncio el ejemplar del Diario de Murcia de 9 de abril del año siguiente.





Seis años después, El Oriolano publicó una noticia que hablaba del modelo a lápiz de una de las cuatro estatuas que se habían fundido en Santander para homenajear al señor Muñoz. En ella indicaba cómo era el pedestal. Estas indicaciones se seguirán para los pedestales de las cuatro estatuas idénticas que fueron enviadas para ser colocadas en Alicante (lugar de residencia del señor Muñoz), Cuevas de Almanzora, Orihuela y Murcia:
Dicha estátua es de mayor tamaño que el natural, llevará en su pedestal los nombres de los pueblos en donde el Sr. Muñoz distribuyó sus riquezas para socorrer las víctimas de la desastrosa inundación de 1879, estará rodeada de elegante verja...


Quién encargó esas estatuas y con qué dinero se realizaron, es algo que todavía no queda claro, pero todo parece apuntar a que Muñoz se sentía merecedor de homenajes y podía costeárselos.



En julio de ese mismo año, 1886, llega a Murcia la destinada a Cuevas de Almanzora (a donde será trasladada vía Lorca) y, a finales de mes, se recibe la que se ha de colocar en la propia Murcia, que se deposita en el salón bajo de plenos del Ayuntamiento.


Habida cuenta de que esa escultura es algo sobrevenido y que el Ayuntamiento no había contado con su existencia, la decisión del lugar donde debía ser ubicada tardará en tomarse. 

Se barajarán varias opciones, entre las que se cuentan la plaza de Monassot (actual Santa Catalina), el final del Malecón o la plaza de las Barcas. 



Tras años de indecisión, se elige la plaza de Camachos como el lugar idóneo para que luzca esa estatua que, si bien no es de gusto de muchos, se realiza con fondos que no son de la ciudad y, como se dice en un diario, "a caballo regalado no se le mira el diente". 

El pedestal, tres veces más alto que la figura, fue diseñado por Marín Baldo, entonces arquitecto municipal, y se elaboró en Cartagena. La estatua queda colocada el 13 de diciembre, aunque no se da por terminado el monumento hasta marzo del año siguiente, 1889.


La imagen del benefactor permanecerá en Camachos 32 años, hasta que la reforma de la plaza obliga a retirarla. Volverá entonces a ocupar un lugar en el Ayuntamiento, esta vez en el patio, tumbado en el suelo, donde durante una década su destino volverá a ser objeto de dudas.
En agosto de 1931 se propone que sea instalada sobre el pedestal que quedó huérfano en abril tras los altercados producidos a raíz de la proclamación de la Segunda República. Éstos habían dado al traste con la imagen de San Francisco de Asís. 

En septiembre figura, como una actividad de las fiestas, el descubrimiento de la estatua a la entrada del Malecón; sin embargo, el día 12 leemos en El Tiempo que ha de ser aplazado dicho descubrimiento por no estar terminado el pedestal a tiempo. Esto puede significar, o que se decidió hacer un nuevo pedestal, o restaurar el que sostuvo al santo pero, en cualquier caso, el proceso estaba inconcluso. 

Se vuelve a programar para diciembre, incluso se cuenta con la asistencia del gobernador civil de Badajoz, la tierra natal del homenajeado, pero otra vez se suspende y no se hará efectivo hasta dos años más tarde.

El periplo del filántropo termina cuando, algún tiempo después, es trasladado al final del Malecón, colocado sobre un pedestal venido a menos, desde el que sigue contemplando, con su levita y su medalla, la perspectiva del paseo. 





Un paseo que, gracias a su aportación, fue consolidado tras la riada, y por el que actualmente transitan muchos que no conocen su historia ni el porqué está allí, pero que hacen de él elemento imprescindible como uno de los objetivos de su itinerario.







FUENTES:
Diarios El Bazar MurcianoDiario de Murcia, Don CrispínJuventud Literaria, Levante AgrarioEl Liberal de MurciaLa Paz de Murcia, Las Provincias de Levante, El Tiempo La Verdad de Murcia, de los años 1789 a 1935.

Fotografías:
Gaspar Muñoz Cosme