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10.8.26

"MARTITA Y TOMÁS" O LA DESCONTEXTUALIZACIÓN DE LA ESCULTURA PÚBLICA

En 2008, en Beniel, se remodeló la plaza de Ramón y Cajal, donde se ubica el Ayuntamiento y la iglesia de San Bartolomé.


Esta remodelación incluyó la construcción de una fuente que fue instalada en verano de ese mismo año y que consistía en una base con un recubrimiento realizado con la técnica del trencadís, tan utilizado por Gaudí en sus obras, así como dos esculturas de bronce salidas del taller del escultor de Los Ramos, José Antonio Hernández Navarro.

El concepto original era que esas dos esculturas, de un niño y una niña, simularan que estaban jugando. El niño llevaba en sus manos una pistola de agua de la que manaba un chorro que pretendía mojar a la niña, situada en el otro extremo de la fuente.

La idea era graciosa y plasmaba esos juegos infantiles, tan puestos en práctica en la zona de levante en verano, donde con globos llenos de agua, con mangueras o con objetos diseñados expresamente, los niños juegan a mojarse unos a otros con la certeza de que, en poco rato, sus ropas volverán a estar secas.

La fuente nació con algunos defectos desde el principio y en menos de un año tuvo que ser reparada ya que perdía agua y los surtidores no funcionaban bien.

Con el tiempo la fuente sufrió algunos actos vandálicos e, incluso, fueron sustraídas algunas piezas, por lo que fue desmontada y las esculturas pasaron a un almacén municipal, donde han permanecido hasta el día 7 de agosto de 2026, cuando han sido recuperadas e instaladas sobre un pedestal en la renovada plaza de la Hispanidad, pero desprendidas de la idea de fuente y expuestas como obras escultóricas.

La cuestión es que, con esta nueva instalación, la composición se ha descontextualizado completamente ya que, si antes el niño, que ahora es Tomás, estaba intentando alcanzar a la niña, que ahora es Martita, con el agua, y reflejaba un juego infantil, ahora la imagen es la de un niño, un hombre, empuñando un arma que apunta a la niña, una mujer, que huye despavorida. 

Para más confusión, ni siquiera se ha conservado un título que reflejara su función original, como puede ser Niños jugando con el agua, sino que ahora se ha titulado Martita y Tomás, lo que lleva a que la persona que, ajena a los precedentes, transite por la plaza y vea esa escultura no entenderá por qué, en este siglo XXI en el que tanto abominamos las guerras y deseamos la paz y en el que hemos alcanzado a comprender que no se debe educar en el sexismo, que los niños no juegan con pistolas y las niñas no son amas de casa en potencia, que andamos a vueltas contra la violencia sobre la mujer, una lacra de la que no conseguimos desprendernos y que cada año deja víctimas en nuestro país, una composición escultórica refleja la amenaza de una figura masculina, con un arma en las manos, amenazando a una figura femenina.

La descontextualización de la escultura es cada vez más frecuente entre las corporaciones que pretenden exhibir la obra de artistas locales como producto escultórico, sin tener en cuenta que la verdadera dimensión de la escultura pública incluye su composición, su localización y su inserción en el ámbito para el que ha sido pensada.


En Murcia ciudad tenemos algunos ejemplos curiosos, como ese gran pedestal que sostiene un busto de Salzillo en la plaza de Santa Eulalia, y que no se entiende si no se sabe que en su concepción original formaba parte de una gran fuente. (Ver entrada Una fuente monumental). 













Tampoco se entiende qué hace una figura de la alegórica Fama arrodillada ante el edificio de la Convalecencia, si no se conoce que formó parte de una composición ideada por Juan González Moreno con un pedestal geométrico y cortado en bisel que impulsaba su vuelo y que fue situado en la plaza de Santa Isabel a principios de los años setenta del pasado siglo. (Ver entrada La metamorfosis de la fama).













Y nada nos explica qué hacen dos niños jugando sobre una alta base cuando la concepción inicial de la gran Elisa Séiquer pasaba por que estuvieran a ras de suelo para que los juegos infantiles se entrelazaran con ellos y los más pequeños pudieran tocar las formas escultóricas. (Ver entrada Juego de muchachos, de Elisa Séiquer).

Debemos mencionar aquí la influencia de esta escultura de Séiquer en la realizada por Hernández Navarro para Beniel. La figura de 'Tomás' nos recuerda la actitud del muchacho de la izquierda; no hay que olvidar que Hernández Navarro acudió al estudio de Séiquer en su fase de formación.

No sabemos cuándo se llegará al punto de consultar a los expertos antes de instalar una obra escultórica en un sitio determinado y en unas condiciones precisas y se facilitará toda la información referente a su creación, trayectoria e instalación. 

Mientras tanto, podremos contemplar esas formas sorprendiéndonos y no entendiendo por qué y para qué fueron expuestas de determinada manera, aunque, eso sí, sabiendo en todo momento quién era el responsable político del momento.


FUENTES:

"Una fuente que 'pierde' agua en el centro de Beniel", La Verdad, 13/06/2009.

"Se inician los trabajos para el arreglo de la fuente en Beniel", La Verdad, 24/06/2009, p. 28.

"'Martita y Tomás' regresan a Beniel: las esculturas de José Hernández se integran en la renovada plaza de la Hispanidad", Murcia Plaza, 07/08/2026. 

La escultura de Hernández Navarro [Página web].

7.4.20

UN SUEÑO IMPOSIBLE

La historia, a veces, impone su tiempo y fuerza los acontecimientos haciendo que se eclipse el brillo de artistas que, de haber nacido en otro momento y en otro lugar, habrían figurado en la Historia del Arte con otro valor.


ALBERTO: Autorretrato (1950-1952)
En la España de finales del XIX nació Alberto Sánchez, conocido como Alberto, un artista cuya obra es desconocida por muchos.

Su vida estuvo marcada por su traslado a la URSS, en 1938, como profesor de dibujo de los niños españoles que, huyendo del conflicto nacional, fueron llevados hasta allí. 
La mayoría nunca volvió a España; Alberto tampoco.

Pintor, dibujante, escenógrafo y escultor, estuvo influido por el surrealismo y por una estilización formal que en ocasiones nos acerca a Picasso o Miró y en la que participan elementos de inspiración popular; su obra transita entre lo onírico y lo poético y en el universo de sus esculturas aparece frecuentemente la figura femenina, los bóvidos, las estrellas y las aves. 





El pueblo español tiene un camino
que conduce a una estrella,
ante el
pabellón español. París, 1937
Participó en el Pabellón Español de la Exposición Universal de París, en 1937

Junto con obras de Calder, García Lorca, Picasso y Miró, entre otros, El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella, la escultura de 12'5 metros de altura creada por Alberto, fue colocada en el exterior donde, con sus formas vegetales de configuración antropomorfa, se convirtió en un faro que gritaba la angustia por la que la población española, horrorizada y sin futuro, pasaba en aquel momento y, al mismo tiempo, fue una proclama en defensa de las nuevas formas del Arte. 
La estrella que culminaba la obra representaba el brillo de esperanza en un futuro que se anhelaba y se tardó mucho en alcanzar.






El pueblo español tiene un camino que
conduce a una estrella, 
junto al Reina Sofía
Aquella escultura despareció en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, pero en 1986 fue localizada una maqueta, realizada en yeso, en el sótano del Palacio de Montjuïc, en Barcelona. 

La maqueta ingresó en los fondos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid y, en 2001, con motivo de una exposición monográfica dedicada al escultor, se reprodujo la obra a su tamaño original y se instaló en la plaza de Santa Isabel, fuera del museo. 

Lo que en un principio iba a ser un emplazamiento provisional quedó, afortunadamente, como instalación definitiva.






Alberto había fundado, en 1927, junto con Benjamín Palencia Rafael Alberti, entre otros, la llamada Escuela de Vallecasque pretendía introducir en España el arte de las vanguardias que fluía por Europa, aunque profundamente enraizado en el paisaje castellano. 

Alberto y Benajamín Palencia solían quedar a primera hora de la tarde en la Puerta de Atocha desde donde, andando, se encaminaban hacia las afueras de Madrid. Muchas veces llegaban hasta Vallecas y se dirigían a un cerro que hay en los alrededores, el llamado Almodóvar que ellos terminaron por renombrar Cerro Testigo porque, según sus palabras, "de ahí debía partir la nueva visión del arte español". 

En la cumbre del cerro estaba colocado un hito en el que escribieron sus principios; los de Alberto en una cara, los de Benjamín Palencia en otra, dedicaron la tercera a Picasso y en la cuarta pusieron los nombres de valores plásticos e ideológicos que consideraban más representativos; entre estos últimos figuraban los nombres de Einstein, el Greco, Zurbarán, Cervantes y Velázquez.




Y fue para ese cerro para donde Alberto, que desaprobaba los monumentos de Madrid porque decía que en ellos el arte seguía ciñéndose a lo figurativo, concibió el Monumento a los Pájaros, probablemente la obra que mejor simboliza su sueño de fusión de las nuevas formas de expresión del arte, la libertad y la naturaleza. 


Maqueta de yeso del
Monumento a los Pájaros
fotografiada por Segarra
El artista quería encontrar una obra que hiciera salir al campo y se fundiera con el paisaje. 

Realizó un proyecto de ocho piezas ensambladas, para que los pequeños huecos que quedaban entre ellas sirvieran de refugio a los pájaros y los defendiera de las aves de rapiña. 

La primera versión la realizó hacia 1930Era un vaciado en yeso que desapareció durante la Guerra Civil y del que se solamente se conserva la imagen que aparece en las fotografías tomadas por el arquitecto Enrique Segarra.










En 1957, en Moscú, realizó una segunda versión, que quedó almacenada en cajas, recorriendo con Alberto los diferentes pisos en los que vivió, pero que nunca llegó a ver la luz en vida del artista.


Segunda versión en bronce del
Monumento a los pájaros
Años después fue encontrada en un altillo y recuperada para la exposición Monumento a los pájaros. Hito y mito que, sobre esta obra y su autor organizó en 2010 la Comunidad de Madrid bajo el comisariado de Rafael Zarza.



















Alcaén Sánchez con la maqueta del
Monumento a los Pájaros
En su visita a la exposición, la entonces presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, abrió la puerta a la posibilidad de reproducir la escultura y colocarla en los cerros de Vallecas, a lo que Alcaén Sánchez, hijo del escultor, contestó con un marcado acento ruso: 

"Soy realista. Pido lo imposible".








La biografía de Alberto se puede consultar en diversas instituciones y manuales de Arte, pero probablemente sea más esclarecedora la semblanza que de él hizo Pablo Neruda en el capítulo 22 de su obra Para nacer he nacido, publicada en 1978. 


22. Alberto Sánchez huesudo y férreo

La muerte de Alberto Sánchez en Moscú no sólo me trajo el súbito dolor de perder un gran hermano, sino que me causó perplejidad. Todo el mundo, pensé, menos Alberto.
Esto se explica por la obra y la persona de quien ha sido para mí el más extraordinario escultor de nuestro tiempo.
Poco después de los años veinte, los primeros veinte de nuestro siglo, comienza Alberto a producir su escultura ferruginosa con piedra y hierro. Pero también él mismo, con su largo cuerpo flaco y su rostro seco en que aparecía la osamenta audaz y poderosa, era una escultura natural de Castilla. Era por fuera este gran Alberto Sánchez entero y pedregoso, huesudo y férreo, como uno de esos esqueletos forjados a la intemperie castellana, tallado a sol y frío.
Por eso su muerte me pareció contraria a las leyes naturales. Era uno de esos productos duros de la tierra, un hombre mineral, curtido desde su nacimiento por la naturaleza. Siempre me pareció uno de esos árboles altísimos de mi tierra que se diferencian muy poco del mineral andino. Era un árbol Alberto Sánchez, y en lo alto tenía pájaros y pararrayos, alas para volar y magnetismo tempestuoso.
Esto no quería decir que nuestro gigantesco escultor fuera un hombre monolítico, empedrado por dentro. En su juventud fue, por oficio, obrero panadero y, en verdad, tenía un corazón de pan, de harina de trigo rumoroso.
Por cierto que en muchas de sus esculturas, como lo hiciera notar Picasso, se le veía el panadero: alargaba las masas y las torcía, dándoles un movimiento, una forma, un ritmo de pan. Popular, como esas figuras que se hacen en los pueblos de España con formas de animales y pájaros. Pero no sólo la panadería se mostraba en su obra. Cuando yo vi por primera vez en casa de Rafael Alberti, el año 1934, sus esculturas, comprendí que allí estaba un gran revelador de España.Aquellas obras de forma ardientemente libre tenían incrustados trozos de hierro, rugosos guijarros, huesos y clavos que asomaban en la epidermis de sus extraños animales. ''Pájaro de mi invención", recuerdo que se llamaba uno de sus trabajos.Allí lucían estos fragmentos extraños, como si fueran parte de la piel hirsuta de la llanura. La arcilla o el cemento que formaban la obra estaba rayada y entrecruzada por líneas y surcos como de sementeras o rostros campesinos. Y así, a su propia manera, con su estilo singular y grandioso nos daba la imagen de su tierra que él amó, comprendió y expresó como ninguno.
Alberto venía muchas veces a mi casa en Madrid, antes de que se casara con la admirable y querida Clara Sancha. Este castellano tenía que casarse con una mujer clara y sanchezca. Y así sucedió hasta ahora, en que Clarita se ha quedado sin Alberto y sin España.
Por aquel entonces y en Madrid, Alberto hizo su primera exposición. Sólo un artículo compasivo de la crítica oficial lo ponía en la trastienda de la incomprensión española, en la cual, como en una bodega, se amontonaban tantos pecados. Por suerte, Alberto tenía hierro y madera para soportar aquel desprecio. Pero lo vi palidecer y también lo vi llorar cuando la burguesía de Madrid escarneció su obra y llegó hasta escupir sus esculturas.
Vino aquella tarde a mi domicilio en la Casa de las Flores y me encontró en cama, enfermo. Me contó los ultrajes que diariamente hacían a su exposición. Su realismo fundamental, que va más allá de las formas, la violencia de su revolución plástica, a la que parecían incorporarse todos los elementos, comenzando por la tierra y el fuego, el colosal poderío, el asombroso vuelo de su concepción monumental, todo esto lo llevaba hacia una forma aparentemente abstracta, pero que era firmemente real. Sus mujeres eran otras mujeres, sus estrellas, estrellas diferentes, sus pájaros eran aves que él inventaba. Cada una de sus obras era un pequeño planeta que buscaba su órbita en el espacio ilimitado de nuestro pensamiento y de nuestro sentimiento y que entraba en ellos despertando presencias desconocidas.
Creador de fabulosos objetos que quedaban formados misteriosamente, como la naturaleza forma las vidas, Alberto nos estaba entregando un mundo hecho por sus manos, mundo natural y sobrenatural que yo no sólo comprendí, sino que me ayudó a descifrar los enigmas que nos rodean. Era natural que la burguesía de Madrid reaccionara violentamente en contra suya. Aquellas gentes atrasadas habían codificado el realismo. La repetición de una forma, la mala fotografía de la sonrisa y de las flores, la limitación obtusa que copia el todo y los detalles, la muerte de la interpretación, de la imaginación y de la creación eran el tope a que había llegado la cultura oficial de España en aquellos años. Era natural que el fascismo surgiera por allí cerca, enarbolando también sus oscuras limitaciones y sus marcos de hierro para someter al hombre. Aquella vez me levante de mi lecho de enfermo y corrimos a la sala desierta de la exposición. Solos los dos, Alberto y yo. La desmontamos muchos días antes de que debiera terminarse. De allí nos fuimos a una taberna a beber áspero vino de Valdepeñas. Ya rondaba la guerra por las calles. Aquel vino amargo fue interrumpido por algunos estampidos lejanos. Pronto llegó la guerra entera, y todo fue explosión.
Como campesino de Toledo, como panadero y escultor, apenas llegó la guerra, Alberto dio todo su esfuerzo y su pasión a la batalla antifascista.
Llamado por su gran amigo, el arquitecto Luis Lacasa, el escultor Alberto con Picasso y con Miró hace la trinidad que decoró el pabellón de España republicana de 1937 en París. En esa ocasión vimos llegar de manos de Picasso, recién salida de su horno incesante, una obra maestra de la pintura universal, la Guernica. Pero Picasso se quedaba largo tiempo distraído mirando a la entrada de la exposición una especie de obelisco, una presencia alargadísima, estriada y rayada como un cactus de California y que en su verticalidad mostraba el acendrado tema que siempre persiguió nuestro gran Alberto: el rostro arrugado y lunario de Castilla. Aquel Quijote sin brazos y sin ojos era el retrato de España. Levantado verticalmente hacia el combate con todo su seco poderío.
Jugándose la suerte con su patria, Alberto fue exilado y acogido en Moscú, y hasta estos días en que nos ha dejado, trabajó allí con silenciosa profundidad.
Primero se sumergió, durante el acerbo último tiempo de Stalin, en el realismo. No era el realismo de la moda soviética, de aquellos días atormentados. Pero él hizo espléndidas escenografías. Su presentación del Ballet de los Pájaros es una gran obra, inigualada, encontrando él la mágica belleza vestimental de los pájaros que tanto amó. También logró entregar al Teatro Gitano espléndidas visiones para las obras del teatro español. Y aquella voz que surge en el film Don Quijote, cantando algunas viejas canciones que dan gran nobleza a este film extraordinario, es la voz de Alberto, que seguirá cantando allí para nosotros, es voz de nuestro Quijote que se nos ha ido.
Pintó también numerosas obras. Nunca había pintado al óleo en España y aprendió en Moscú a hacerlo para consumar su realismo. Se trata de naturalezas muertas de gran pureza plástica, hermosas y secas de materia, tiernas en su apreciación de los humildísimos objetos.
Este realismo zurbaranesco en que en vez de monjes pálidos dejó Alberto pintados con exaltación mística ristras de ajos, vasos de madera, botellones que brillan en la nostalgia de la luz española. Estos bodegones son cumbre de la pintura real, y alguna vez el Museo del Prado los ambicionará.
Pero he dicho que aquella época encontró a Alberto recién llegado de Moscú y recibido en plena confraternidad y cariño. Desde entonces, amó apasionadamente a la Unión Soviética. Allí vivió los infortunios de la guerra y la felicidad de la victoria.Sin embargo, como esos ríos que se entierran en la arena de un gran desierto para surgir de nuevo y desembocar en el océano, sólo después del XX Congreso, Alberto volvió a su verdadera, a su trascendente creación.
Allí quedan en su taller del barrio de la Universidad de Moscú, en donde vivía feliz estos últimos años, trabajando y cantando, muchas obras y muchos proyectos.Constituyen su reencuentro con su propia verdad y con el mundo que este gran artista universal contribuyó a crear. Un mundo en que las más ásperas materias se levantan hacia la altura infinita por arte de un extraordinario espíritu inventor. Las obras de Alberto Sánchez, severas y grandiosas, nacidas de la intensa comunicación entre un hombre y su patria, criaturas del amor extraordinario entre un gran ser humano y una tierra poderosa, permanecerán en la historia de la cultura como monumentos erigidos por una vida que se consumió buscando la expresión más alta y más verdadera de nuestro tiempo.
(El escultor español Alberto Sánchez murió en Moscú 
el 12 de octubre de 1962)

FUENTES
"Alberto Sánchez Pérez", Real Academia de la Historia [En línea]
"El Pabellón español de la Exposición Internacional de 1937 en París", Artium [En línea]
"El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella (maqueta)", Museo Nal. C. de Arte Reina Sofía [En línea]
"Escuela de Vallecas", Wikipedia [En línea]
FERNÁNDEZ-SANTOS, E.: "El sueño alado de Alberto Sánchez remonta el vuelo", El País, 23/03/2010 [En línea]
"Madrid recupera el monumento a los pájaros de Alberto Sánchez", RevistaDeArte-Logopress [En línea]
NERUDA, P.: Para nacer he nacido. Barcelona: Seix Barral, 1978, pp. 73-76.
ROBLES VIZCAÍNO, M. S.: Aportaciones sobre Alberto. Cuadernos de Arte. Universidad de Granada. [En línea]


FUENTES DE LAS IMÁGENES
"ALBERTO: Autorretrato", ABC [En línea]
"Alcaén Sánchez junto a la maqueta del monumento a los pájaros", Madridiario.es [En línea]
"El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella", El poder de la palabra [En línea]
MANRIQUE: "Pablo Picasso, 'Guernica' in Spanish Pavilion 1937", ResearchGate [En línea]
"Monumento a los pájaros", Masdeartecom [En línea]
Segunda versión en bronce del Monumento a los pájarosEl País, 23/03/2010 [En línea]

22.9.19

TAN BLANCO

Lanzarote es una isla que atrapa al visitante; lo abruma con su permanente contraste de tierra negra y mar azul y lo sobrecoge con la contemplación del malpaís, paisaje residual tras las erupciones en el que la lava queda petrificada dejando testimonio de lo que tuvo que ser una pesadilla.



Hasta 1730, cuando se inició un periodo de erupciones que se mantuvo durante seis años y que se vio reavivado en el siglo XIX, la isla había tenido su base económica en la actividad agrícola, sobre todo de cultivo del cereal, y ganadera, de cabras, ovejas y cerdos.
Las erupciones volcánicas arrasaron con la mayor parte de ese tipo de economía y cubrieron de magma pueblos enteros.

Lanzarote se tuvo que reinventar; comenzó el cultivo de viñedos favorecido por el ingenio del agricultor, que fue capaz de transformar las cenizas dejadas por las erupciones en manto protector de la humedad residual de la noche, y también de productos llegados de América, sobre todo la cochinilla, la papa y el tomate.
Además, a mediados del siglo XX, supo hacer de la necesidad virtud y puso en marcha su maquinaria de explotación turística; lo hizo de forma inteligente, respetando el paisaje y la sostenibilidad de los recursos y consiguió que la isla más diferente de las Canarias se convirtiera en objetivo para muchos viajeros que buscan en ella algo distinto y de imagen imborrable.




La intervención del artista local César Manrique en algunos puntos de la geografía lanzaroteña, concilió el respeto medioambiental con la genialidad del artista total, dejando una serie de espacios únicos que merece la pena conocer y que han contribuido a la declaración de Lanzarote como Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1993.

Uno de los primeros espacios que Manrique concibió, consciente de lo importante que es la tradición vernácula para los habitantes de un territorio, fue la Casa-Museo del Campesino






Situada en el centro de la isla, en el término municipal de San Bartolomé, esta casa-museo fue concebida para dar a conocer la arquitectura tradicional, los usos y costumbres y las diferentes técnicas artesanas que se recrean cada día en el pabellón dedicado exclusivamente a su práctica. 




En el entorno exterior se erige la escultura Fecundidad también conocida, por extensión de la denominación de la casa-museo, como Monumento al Campesino.

Su concepción en 1968, por César Manrique, traía aparejado un homenaje singular al habitante lanzaroteño, cultivador y trabajador de un tierra que aún siendo adversa para el cultivo, supo dominar y explotar para extraer de ella el sustento  vital. 


La escultura, creada en clave vanguardista, en hormigón y hierro, se erige sobre el montículo denominado Peña de Tajaste, que no fue afectado por la actividad volcánica. 












La obra se eleva quince metros sobre su base y está confeccionada con restos de tanques de agua de antiguos barcos pesqueros y diversos objetos entrelazados y compuestos de tal forma que conforman una figura humana a lomos de un animal de carga.



















La concepción de Manrique fue ejecutada por Jesús Soto, artista local que trabajó estrechamente con él en diversas intervenciones.












El blanco inmaculado con el que fue pintada, unido a su altura y posición geográfica, hace que sea todo un referente visual de la isla, además de transmitir, como un faro, su eterna referencia conceptual de homenaje al esfuerzo y el trabajo de los habitantes de este paisaje volcánico, tan adverso a veces y tan atractivo siempre.








«Vivimos tan corto espacio de tiempo sobre este planeta que cada uno de nuestros pasos debe estar encaminado a construir más y más el espacio soñado de la utopía. Construyámoslo conjuntamente: es la única manera de hacerlo posible.»
                                                                                                 CÉSAR MANRIQUE         


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CÉSAR MANRIQUE CABRERA. Artista español (Arrecife, 1919 - Teguise, 1992)

César Manrique fue un pintor, escultor y artista total lanzaroteño
Fue el mayor, junto con su hermana melliza, de cuatro hermanos. 
Su infancia transcurrió entre el Charco de San Ginés y la Caleta de Famara, lugar, éste último, decisivo en su vinculación con el patrimonio natural de la isla. La especial configuración del paisaje de Lanzarote tuvo una presencia constante y esencial en su obra, donde realizó la mayoría de sus intervenciones, que se han convertido en un potente motor de atracción turística.

Participó voluntariamente en la Guerra Civil, de la que volvió desencantado y hastiado.

Tras la contienda, ingresó en la Universidad de La Laguna, donde cursó dos años de Arquitectura Técnica.
Gracias a una beca concedida por la Capitanía General de Canarias, pudo trasladarse a Madrid e ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la que se graduó como profesor de Arte y Pintura en 1945.
A principios de los años cincuenta tuvo una estancia de varios meses en París que le movió a adentrarse en el arte abstracto. Algún tiempo después, la influencia de artistas como Fautrier y Dubuffet hizo que su obra, al igual que la de otros contemporáneos como Tàpies, Lucio Muñoz o el canario Millares, se vinculara al informalismo.
Su obra se iba alejando de la realidad e investigaba las cualidades de la materia, que se convirtió en elemento esencial del lenguaje plástico al que se mantuvo fiel durante toda su carrera.
Participó, con obra abstracta, en las Bienales de Venecia de 1955 y 1960 y en la Hispanoamericana de La Habana de 1955. 

En 1964 se trasladó a Nueva York, ciudad en la que conoció de primera mano el expresionismo abstracto de Pollock y Rothko y el pop de Andy Warhol y Rauschenberg; también tuvo su primer acercamiento al arte cinético (centrado en el movimiento).
A partir de entonces comenzó a utilizar la técnica del collage, que le proporcionó nuevas posibilidades expresivas y volvió a la preocupación por el color, que se había ido diluyendo en los sesenta; introdujo, además, algunos rasgos figurativos, aunque lejos de poder definirse como una figuración en el sentido estricto del término.
Realizó tres exposiciones individuales en la galería de Catherine Viviano en los años 1966, 1967 y 1969.

Posteriormente se abrió a nuevas posibilidades expresivas incorporando materiales como telas, cartones o arpilleras y su obra se mostró regularmente en salas de España, Alemania, Bélgica y Suiza.

Volvió a Lanzarote en 1966, instalándose en Tahíche, en una casa fruto de su intervención en el paisaje conformado por la lava volcánica, que actualmente alberga la fundación que lleva su nombre. 
Abrió entonces su trabajo creativo a otras manifestaciones artísticas. Con el ideario estético Arte-Naturaleza/Naturaleza-Arte como eje principal de su obra, consiguió desarrollar el arte total, en el que pintura, escultura, murales y arquitecturas se integran en el espacio natural conformando un todo armonioso.
Consciente de la especial originalidad del paisaje insular, promovió un ambicioso proyecto creativo de intervención en el territorio, cuyo eje principal era la preservación y conservación del medio ambiente, vinculándolo a la nueva economía turística de la isla. Junto a un equipo de colaboradores, obtuvo pronto los primeros resultados con los Jameos del Agua (1966) y la Casa-Museo del Campesino (1968), a los que se fueron sumando el Restaurante El Diablo, en Timanfaya (1970), el Mirador del Río (1973), el Museo Internacional de Arte Contemporáneo, instalado en el castillo de San José (1976) y el Jardín de Cactus (1990).
Estas intervenciones fueron determinantes en la declaración de Lanzarote como Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1993.

Además de sus obras en Lanzarote, ideó diferentes propuestas en otras islas canarias, así como en Ceuta y Madrid.

La vitrina destinada en su casa a los premios recibidos abruma por la cantidad y la variedad que alberga. Destacan el Premio Mundial de Ecología y Turismo (1978), la Medalla de Oro de Bellas Artes (1980) y el Premio Europa Nostra (1985).

Falleció en 1992, a los 73 años, en un lamentable accidente de tráfico, cuando abandonaba la fundación en Tahíche y se dirigía a su casa.


FUENTES

CACT LANZAROTE. MAPA. Folleto informativo.
"Casa-museo del Campesino y Monumento a la Fecundidad", VER LANZAROTE [En línea]
"César Manrique", Wikipedia [En línea]
Fundación CÉSAR MANRIQUE. Folleto informativo.
"Jesús Soto, a la sombra de César Manrique", Canarias 7 [En línea]
"Lanzarote", Wikipedia [En línea]
"Monumento al Campesino", Canari Wiki [En línea]
"10 Frases inspiradoras de César Manrique", El blog de Esther Garsan [En línea]