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12.2.14

UNA FUENTE MONUMENTAL

En 1887 llegaba a Murcia el agua canalizada desde el manantial de Santa Catalina del Monte. Una vez en la ciudad, se bifurcaba en cinco ramales que iban a parar a los barrios de de El Carmen, San Antolín, Santo Domingo, a la plaza del Cardenal Belluga, delante de la catedral, y a Santa Eulalia. Al final de cada ramal se instaló una fuente pública de donde los murcianos se surtían de agua potable hasta que, algún tiempo después, se realizaron las acometidas a los domicilios particulares.

Por esos años eran frecuentes las tertulias de botica, esas reuniones donde los caballeros se sentaban a hablar de lo divino y lo humano y de donde partieron algunas iniciativas que quedaron reflejadas en obras que aún perduran. 

En la farmacia de Santa Eulalia surgió la idea de convertir la fuente pública del barrio en una fuente monumental que estuviera dedicada a Francisco Salzillo, el escultor que había dado brillo al siglo XVIII murciano.

Fue entonces cuando un jovencísimo Francisco Ródenas presentaba un proyecto arquitectónico donde el agua era la protagonista y cuyo homenaje al escultor se limitaba a una inscripción, sin ninguna escultura que lo representara.
"Sobre una gran plataforma de piedra descansa una enorme cascada por la cual fluye una gran cantidad de agua. Encima de la misma y como soporte, descansan dos fuentes y grandes columnas de estilo dórico con su respectivo arquitrabe, friso y cornisa, y a lo largo del friso aparece con caracteres epigráficos la siguiente inscripción: SALZILLO”
En septiembre de ese año se inaugura la fuente, no como trabajo monumental, sino como surtidor de agua potable, y ahí comienza un vaivén de comienzo y parón de las obras, pues los recursos económicos aportados por suscripción popular eran escasos y llegaban con cuentagotas.

Año y medio después, Ródenas debe reformar el proyecto y ajustarlo a algo más modesto. 
 “Sobre una extensa plataforma se elevan cuatro pilares labrados finamente, con adornos y grandes detalles, sirviendo de remate a dichos pilares unas aves fantásticas. Frente a cada pilar aparecen dos tazas perfectamente ejecutadas, una superior pequeña y otra inferior mucho más grande. Dos columnas en forma de pilastras pareadas en cada frente, hacen de soporte al busto colosal de Salzillo, que tiene por base tres palmetas de estilo griego en cada uno de sus frentes”. 

En 1892 muere el arquitecto Ródenas con 27 años. Es entonces cuando  se decide que el homenaje a Salzillo sea una estatua de pie, y no un busto, y su realización se le encarga a Ramiro Trigueros, un joven escultor jumillano que en ese momento estaba estudiando con una beca en la Academia de Roma.

Pero Trigueros, que sigue en Roma durante unos años y de allí marcha a la Habana a impartir clases, no ejecuta al final el trabajo, y éste pasa a Francisco Sánchez Araciel, un escultor que había dado sus primeros pasos artísticos en el taller de su padre, Sánchez Tapia, continuador éste de la escuela salzillesca.

El trabajo vuelve a considerarse entonces, y dada la premura del encargo, se decide que sea un busto colosal y no un escultura de pie. 



Sánchez Araciel realizó la obra en piedra caliza porosa y, para su ejecución, se basó en un retrato de Salzillo realizado por Juan Albacete en el siglo XIX, inspirado en un autorretrato a lápiz dejado por el escultor barroco; Albacete no conoció a Salzillo, e interpretó los rasgos según le inspiró dicho dibujo.  











Años más tarde se descubriría en la Biblioteca Nacional un dibujo hecho por el pintor Joaquín Campos, contemporáneo y conocido de Salzillo, que refleja de forma más real la fisonomía del artista.















Por fin, en abril de 1899, doce años después de surgida la iniciativa, se inauguró la fuente monumental que, en total, había supuesto una inversión de 1.674'80 pesetas.



















Con las sucesivas reformas habidas en la plaza, fueron eliminándose elementos. 


Primero desapareció la verja que lo rodeaba y después se eliminaron los pilares labrados que, a día de hoy, no tenemos constancia de su conservación. 

Posteriormente, el agua también se suprimió, por lo que desaparecieron las tazas adosadas.








El monumento quedó resumido en el soporte que sostiene el busto e, incluso, se retocó la parte superior, haciendo desaparecer el elemento que sobreelevaba el busto de Salzillo de la plataforma sobre la que descansa y dejándolo a menor altura que en la obra original.








Durante años ha tenido adosada una placa de homenaje que nada tenía que ver con Salzillo y que en la última restauración, realizada en 2013, fue retirada.



En esa restauración se eliminaron, además, unas plantas que surgían cada primavera bajo el busto para desaparecer en invierno y no volver a asomar hasta el año siguiente, se limpió el retrato del escultor y se aplicó una mano de pintura a la base que lo sostiene.













El resultado final es lo que hoy contemplamos que, por desgracia, poco o nada tiene que ver con la concepción original de Ródenas ni con la fisonomía de Salzillo pero que, aún así, constituye un testimonio material de la Murcia decimonónica.














FUENTES:
Diario de Murcia, La Paz de Murcia y Heraldo de Murcia de los años 1887 a 1899.
José Luis Melendreras Gimeno: La escultura en Murcia durante el siglo XIX, Murcia: José Luis Melendreras Gimeno, 1997.

IMÁGENES:
Colecciones digitalizadas del Archivo de la Región de Murcia:
Estatua de Salzillo, 1902. Colección de Adolfo Fernandez Aguilar <Ir a página>
Monumento a Salzillo, 1930. Colección de Adolfo Fernández Aguilar <Ir a página>
Fotos Antiguas de Murcia (en Facebook) <Ir a página>

Del busto de Salzillo y del monumento antes de la restauración: Pascual García-Stañ, obtenidas de su blog Academias del Jardín 





3 comentarios:

  1. Me alegra la descripción e historia del monumento a Salzillo
    Un saludo

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  2. Me parece estupendo el estudio que haces de la fuente monumento. Enhorabuena.

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